Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de enero de 2015

El hilo rojo

Miradas furtivas, hay que ver cuanto nos gusta esa palabra. Pero sin duda, es la que mejor define aquello que nace secretamente frente a asesinos impasibles, sembradores gratuitos de dolor.  Él se delataba mientras ella, como en otro juego más, complacida se hacia la tonta. Un cazador que poco a poco creía estar acercándose cada vez más a su presa, pobre iluso, sin saberlo había sucumbido. No dejaba de ser una más, un clavo ardiendo pero con una huella imborrable como ninguna otra antes.
Le hizo perder el control, dejó que los sentimientos brotaran como nunca había hecho. El idiota “clave” que se cruzaba en su vida, destrozándolo todo a su paso ¿acaso importaba? Demasiados pedazos quedaron esparcidos, pequeños pero hirientes. Un dolor que aunque no se vea, también sangra. De la noche a la mañana había caído en lo más profundo del abismo. Desconcertada, asustada, débil y lo peor de todo, olvidada. Arrastrándose con las pocas fuerzas que le quedaban, recogía uno a uno los cristales que conformaban su alma, su corazón. Arrancó el hilo rojo que les unía, uno de los extremos hace tiempo que estaba suelto. Enhebró la aguja, cerrar heridas significa seguir sufriendo, un dolor necesario.
Con cada despreció, se resquebrajaba todavía más. Habían cambiado de tablero y ella iba perdiendo. Cada lágrima que sangraba se esfumaba antes de llegar al suelo, escondidas tras esa máscara de “estoy bien”.

Un cofre de hielo, el guardián de tal preciado tesoro hecho pedazos. Envuelto con un hilo rojo que lo mantenía siempre cerrado. Mientras, él continuaba su camino pero ahí seguía el otro extremo del hilo, anudado a su dedo meñique. 


martes, 6 de enero de 2015

No soy la presa

¿De verdad creías que me había olvidado de ti? Hasta el veneno que escupen las víboras es menos dañino. Una sonrisa en compañía de dulces palabras con esa voz de niña que, si cariño, denota esa falsedad que tratas de esconder. Dicen que a los enemigos hay que tenerlos más cerca, si mal no recuerdo la envidia sigue siendo un pecado capital. Tienes tu asiento guardado en el infierno. Estás tan cerca que puedo sentir como acaricia mi espalda ese brillante filo, cuyo mango sujetas tú. Marcando la equis, fijando el punto exacto que atravesará mi piel, que me hará sangrar, pero hasta que no caigan las primeras gotas crees que no seré consciente de tu ataque. ¿Cuánto tiempo llevas ya moviendo los peones de esta partida de ajedrez? Ya veo a la reina blanca asomar entre sus filas de caídos, mientras las fichas negras se limitan a defender la “frontera”. No, el momento de que la más oscura de las monarcas triunfante recorra el camino de baldosas aun esta por llegar. Tú dominas el engaño y la mentira, una máscara ficticia, yo mantengo el control de la paciencia.


En esas horas de letargo bajo un manto de noche, con la lumbre de una luna menguante, pensé. Ese afán por analizar situaciones, conversaciones, actos y palabras. Un mapa conceptual que con la pared no alcanza, todo te delata. Pero por muy calculados que tengas tus pasos, sin desviarte un minúsculo centímetro, ningún crimen es perfecto. La línea que separa el éxito del error es muy estrecha. Adoro observarte desde mi sillón de terciopelo azul, una buena posición desde la que poder ver tu caída. Esos lazos familiares, hermana era la palabra que utilizabas, pero jamás fuiste de sangre. Un título gratuito otorgado por alguien todavía más vil que tu. Ponte cómoda mientras disfrutas del tiempo que te queda, ahora me toca mover ficha a mi y créeme, no nos vamos a aburrir. Ya estoy oliendo a mi presa.